lunes, 10 de octubre de 2016

Raíces

En un mundo ajetreado en el que la búsqueda constante de un lugar a donde ir lleva a veces a que olvidemos preguntarnos de dónde venimos, les traigo: RAICES.

Me faltó madera de poeta.
Me desprendí de un árbol de las ciencias, no como fruto maduro, sino como hoja muerta que cae con el cambio de estación.
El rojizo tinte de mi piel escrita se llenó de ensueños en la marea seca de hojas que bailan al compás de una brisa fresca que despeja las mentes más inquietas.
Floté en el aire de un otoño generacional que me dejó en la mente algunos números, en la lengua algunas palabras de otro idioma y en la sangre, de colores, el vació que estalla y se hace estrellas cuando el espacio se inunda de música con toda su belleza.
En la retina conservo imágenes perfectas como si fuese una vieja película en una cinta sin editar. Con algunos colores desteñidos, pero que puedo volver a mirar.
En mi olfato el mundo tiene el aroma de los colores, del aire y del agua que corre.
Despego del árbol y me pierdo en el viento, bailo dormida sin pausa ni tiempos.
Escribo en el aire versos, y siento que en toda su incoherencia yo los entiendo.
Me abrazo al abismo mientras me entrego a la vida que me lleva, que me arrastra, que me comprime y me expande y se hace infinita.
Y es que el otoño de la vida no es muerte, es el aire en el rostro de las mañanas frescas que acaricia, es tu madre llamando a una mesa servida, es el aroma a café de la tardecita y el beso de tu padre en la mejilla.
Algunos que somos hojas despegamos en otoño, otros son frutos y maduran para caer en primavera. Pero ni las hojas que bailan al compás de la brisa, ni el fruto que se presenta en la tierra con sus diferentes matices, se atreven jamás, en su vuelo o en su aplomo, a caer lejos del árbol, de sus raíces.

Magalí Frutis

No hay comentarios.:

Publicar un comentario